Díaz-Canel advierte sobre la expansión del modelo de Gaza y Cuba ante el fascismo
El presidente cubano vincula la resistencia de La Habana con la de Gaza, advirtiendo que la falta de confrontación al fascismo global podría extender estos escenarios de aislamiento y presión a cualquier nación.
Díaz-Canel: el riesgo de la expansión del modelo Gaza Redacción 3GM
En un contexto marcado por la intensificación de las tensiones entre Washington y La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel ha planteado una narrativa geopolítica que conecta la situación de Cuba con la de Gaza. Su discurso subraya la idea de que la resistencia ante lo que denomina fascismo no es un fenómeno aislado, sino una lucha estructural que define la soberanía de las naciones frente a la hegemonía estadunidense.
Esta postura se articula mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene una retórica de coerción, advirtiendo que Cuba no escapará a la presión estadunidense. La administración de Washington ha reconocido, paradójicamente, que cada mecanismo de salida propuesto por La Habana es bloqueado, lo que refuerza la percepción en el bloque opositor de un cerco estratégico diseñado para mantener el aislamiento político y económico de la isla.
La solidaridad internacional se presenta como un contrapeso a esta presión. Figuras como la poetisa nicaragüense Gioconda Belli han destacado la «ternura de los pueblos» hacia Cuba, un concepto que trasciende la diplomacia oficial para apelar a una base social global. Esta dinámica refleja una fractura en el orden internacional, donde la legitimidad moral y el apoyo popular se enfrentan a la fuerza estructural de las sanciones y la diplomacia coercitiva.
El análisis de Díaz-Canel sugiere que la normalización de conflictos como los de Gaza o el bloqueo a Cuba podría convertirse en un precedente peligroso para la estabilidad global. Al no confrontar lo que identifica como tendencias fascistas, se abre la puerta a que cualquier país pueda ser sometido a dinámicas similares de aislamiento y presión, redefiniendo las reglas del juego en las relaciones internacionales hacia una mayor polarización y confrontación.
Fuente original: La Jornada