La fabricación estadounidense del cisma suní-chií en Oriente Próximo
Washington instrumentalizó diferencias políticas para encender un conflicto religioso en 2003, una estrategia que devastó Irak y extendió la violencia sectaria por toda la región.
El mito del odio milenario suní-chií Ilustración: Redacción 3GM (IA)
La narrativa de un enfrentamiento religioso inevitable entre suníes y chiíes ha sido durante décadas un pilar de la política exterior occidental en Oriente Próximo. Sin embargo, el análisis histórico revela que las diferencias entre ambos grupos eran fundamentalmente políticas y administrativas, no teológicas ni intrínsecamente violentas. La construcción de este «odio milenario» responde a intereses estratégicos concretos más que a realidades sociológicas.
El punto de inflexión ocurrió en 2003, durante la invasión de Irak. Las autoridades estadounidenses, al desmantelar el Estado iraquí, optaron por exacerbar las divisiones sectarias para justificar su intervención y debilitar a sus rivales regionales. Esta estrategia de ingeniería social no solo destruyó la cohesión nacional iraquí, sino que activó mecanismos de violencia que trascendieron las fronteras del país, reconfigurando el mapa de alianzas y hostilidades en la región.
El resultado fue la exportación del cisma a Líbano, Siria, Yemen y Bahrein, transformando disputas políticas locales en proxies de una guerra civil regional. Al convertir la identidad religiosa en la variable principal de conflicto, Washington logró desestabilizar a adversarios como Irán, pero a costa de sembrar un caos duradero que ha definido la geopolítica de Oriente Próximo en las últimas dos décadas.
Fuente original: El Orden Mundial