Enjambres, cazas de sexta y el retorno de la masa
El catálogo del futuro inmediato combina dos extremos: enjambres de drones de coste bajísimo y plataformas tripuladas cada vez más caras. Producir ambas cosas a la vez está resultando más difícil de lo previsto.
Enjambres y retorno de la masa Redacción 3GM
El caza de sexta generación es hoy un programa a tres bandas: el GCAP anglo-italo-japonés, el FCAS franco-alemán-español y el NGAD estadounidense. Los tres asumen que el aparato tripulado dejará de operar solo y volará acompañado por drones «leales» de coste medio, capaces de saturar defensas y de asumir las misiones más peligrosas.
Debajo de ese estrato, la revolución silenciosa es la del dron barato. Ucrania ha industrializado la producción del cuadricóptero de ataque hasta niveles que ninguna doctrina de la OTAN había considerado antes de 2022. Turquía ha convertido el Bayraktar en instrumento de política exterior. Irán ha demostrado que se puede tejer una amenaza estratégica con drones de propulsión a hélice y navegación GPS reforzada.
El problema industrial europeo es doble. Por un lado, la capacidad de producir masa —de proyectiles de 155 mm, de misiles antiaéreos, de drones consumibles— sigue muy por debajo de las necesidades declaradas. Por otro, la base tecnológica depende de componentes cuya soberanía no está garantizada: chips de gama media, motores pequeños, sensores infrarrojos, imanes de tierras raras.
La lección que las capitales están empezando a asumir es que, en el conflicto contemporáneo, un ejército compra dos cosas: precisión cara y masa barata. Producir solo lo primero es un lujo que ya no protege; producir solo lo segundo, una temeridad. Producir ambas al mismo tiempo exige un modelo industrial que Europa desmontó hace treinta años.